ALEJANDRO ARÍS
“Mis novelas fluyen y salen del hospital”
Alejandro Arís, director durante tres décadas del servicio de Cirugía Cardíaca del Hospital de San Pablo, ha publicado su segunda novela: Matarratas (Editorial Suma de Letras).
Javier Granda Revilla. Barcelona - Miércoles, 16 de Diciembre de 2009

-¿Cuál es el germen de Matarratas?
-La idea surge de la editorial. Escribí una novela, Los cuadros del anatomista, con toques autobiográficos y ambientada en 1968 en Washington, donde trabajaba entonces de interno. Era un thriller médico que tuvo bastante éxito y me solicitaron una novela actual, que sucediera en Barcelona. Tenía bastantes ideas, sobre todo basadas en el concepto del matarratas, que es “el crimen perfecto”, porque la muerte ocurre muy lejos del origen. Me puse a trabajar en la idea, me hice un guión y complementé cada trama.
-Las tramas que abarca son muy distintas: medicina, industria farmacéutica, narcotráfico, atentados… ¿Le costó ensamblar todas en una sola historia?
-Bastante. Por ejemplo, el tema de la industria surge a partir de un artículo real del ginkgo biloba y sus propiedades como anticoagulante que leí y me interesó. Me enteré de lo complicadísimo que es sacar un fármaco. La parte de la medicina sale del hospital donde he vivido y trabajado tantos años, donde las historias fluyen y salen. Al final, hay que ensamblar todo, buscar algo que lo una.
- “Tenía bastantes ideas, sobre todo basadas en el concepto de matarratas, que es “el crimen perfecto”, porque la muerte ocurre lejos del origen”
-¿No se planteó patentar usted mismo el ginkgo como anticoagulante?
-Hablé con un médico, que me comentó que las propiedades ya se conocían, pero no era comercialmente viable.
-¿En esta novela también hay aspectos autobiográficos?
-En absoluto. Pero sí es verdad que las operaciones descritas son las que he hecho durante años.
-¿No echa de menos ese aspecto de su carrera?
-No, porque tomé una decisión personal y me fui sin ningún tipo de resquemor. Aunque me jubilé, no me he jubilado, por decirlo de alguna manera.
- “En tantos años de quirófano y de ver casos reuní muchas anécdotas propias y otras de amigos, y pensé escribir algún día un libro”
-¿Le costó documentarse de temas tan distintos como el tráfico de drogas o la arquitectura?
-En Google está todo. He estado cuatro veces en la Martinica, pero no me acordaba qué comían. Ahora, cuando mis personajes van al Caribe, puedo conocer todos los platos de la comida antillana.
-La Sagrada Familia, La Pedrera o el Palau de la Música son protagonistas de su novela. ¿Tiene afición por la arquitectura o la novela le llevo a ella?
-Mi padre y mi hermano eran arquitectos, y en casa, a la hora de comer, se hablaba de arquitectura; sin quererlo, lo he mamado. Y he querido hacer una apología de estos edificios tan fantásticos que mucha gente no conoce.
-Quiso ser cirujano a los ocho años, pero ¿cuándo quiso ser escritor?
-Cuando tuve la oportunidad: en tantos años de quirófano y de ver casos reuní muchísimas anécdotas propias y otras de amigos, y pensé en escribir algún día un libro. Planeta publicó una serie con recopilaciones de anécdotas de cine, teatro, el Parlamento… y me ofrecí a hacer el de medicina y publiqué Tome una antes de acostarse. A partir de una conferencia de cirugía cardiovascular y el arte, contacté con la editorial Lunwerg, que estaba interesada en hacer buenos libros de arte y publiqué Medicina en la pintura, que se tradujo al francés, inglés, portugués y griego. Las dos novelas vinieron después.
-¿Cuál es su cuadro favorito de tema médico?
-Es de Enrique Simonet y se llama Y tenía corazón; es del Museo de Málaga, aunque no está expuesto. Muestra a un patólogo anciano que aguanta un corazón en la mano y encima de una mesa de autopsias hay una mujer. Ella es una prostituta que muere ahogada y él, al hacer la autopsia, señala que a pesar de la vida que llevaba, tenía corazón. Es de una belleza increíble, pintado a finales del XIX.
-¿Se dedica por entero a la literatura?
-Desde que me he jubilado no he escrito nada. Tengo en proyecto otro libro de arte parecido a La medicina en la pintura y Valentín Fuster me ha recomendado que escriba El corazón en el arte, y en eso estoy.
-En el 2000 denunció muertes en lista de espera de cirugía cardíaca. ¿Qué supuso para su carrera?
-Que se resolviera un problema gravísimo que nos tenía amargados a todos los de mi servicio. Fui el portavoz de muchos de mis compañeros y el tema finalmente se arregló en toda España.
"Matarratas" El crímen perfecto existe.